¿SABES HASTA QUE PUNTO TU CEREBRO PUEDE CONDICIONAR UNA DECISIÓN?

Infinidad de veces pensamos que nuestras decisiones son producto de una elección voluntaria. Sin embargo, tal y como esta estructurado nuestro cerebro generalmente no es así.
Nuestro cerebro en primer lugar decide en función del estrés que siente, es decir, el potencial peligro que tiene una situación sea conocida o no. Esto tiene que ver con nuestro cerebro reptiliano al cual solo conoce dos estados: relax, calma versus estado de alerta. Esta es una herramienta de supervivencia, la cual nos afectara a la hora de tomar decisiones por encima de nuestra percepción racional que puede ser absolutamente contraria. Un ejemplo de esto es el hecho de que se nos pose algo parecido a una avispa y nos pongamos a agitar la mano, nuestro cerebro valora sólo en términos de contornos y formas básica para reaccionar de manera rápida y proteger nuestra integridad física, sin embargo tras esto, nos damos cuenta de que era una semilla caída de un árbol. En este sentido cuando vivimos situaciones que nos recuerdan a otras pasados que supusieron un peligro real hacia nuestra persona, no sepamos poder controlar nuestros impulsos y tomamos decisiones que llamamos “irracionales”.
Tres cerebros humanos.
Por si esto no fuera suficiente entra en juego nuestro sistema límbico, nuestro cerebro animal mamífero. Este valora las situación a nivel protección, pertenencia y apego. Es una evolución sobre lo anteriormente expuesto, en la cual si alguien amado o cercano a nosotros esta en peligro actuamos en su defensa. El afecto más básico de simple protección entra en juego aquí. Sin embargo, no siempre es lo mejor lo que decidiríamos en base a las emociones básicas: alegría, miedo, ira, frustración, apego, etc puesto que sólo muestran una parte de una realidad más amplia que únicamente percibimos con el corte cerebral, aquello que es implícito al ser humano, pero que sólo funciona de manera adecuada si las anteriores facciones cerebrales funcionan de manera consciente. Es decir, mantenemos la calma y objetivamos nuestras emociones más básicas permitiéndonos hacer un análisis objetivo sobre una situación y así no sesgando la información a analizar a la hora de tomar una decisión.
Por ejemplo como Madres o Padres a veces sabemos que lo mejor es poner un limite claro a nuestros hijos para que aprendan a realizar mejor determinadas habilidades, sin embargo no siempre es fácil hacerlo, o bien por que perdemos la calma o bien por que poner un límite claro a veces es doloroso por el conflicto que en determinados casos conlleva. Cuando mi hijo sistemáticamente no recoge los juguetes la consecuencia natural sería que no tuviera tales hasta que sepa cuidarlos, dejándole los justos mientras le enseñamos a hacerlo. ¿quién es capaz de tirar o retirar casi todos los juguetes de su hijo con los que sabemos cuanto disfruta? no es fácil verdad. Sin embargo si hacemos un análisis objetivo al respecto, a largo plazo será beneficioso para él y para nosotros hacerlo.
De igual forma si nos dejamos guiar por impulsos primarios sean por estrés o por excesiva emocionalidad continuamente nos sentiremos presos y nuestro intelecto servirá a una causa equivocada pues siempre estos factores priman ante una decisión. Pero, si aprendemos a gestionar estos y somos conscientes de hasta que punto nos condicionan podremos empezar a hacer un análisis real, más científico y basado en hechos, tomando en consecuencia decisiones ma´s acertadas. Siempre y cuando seamos conscientes de nuestros impulsos y emociones y seamos nosotros sus dueños, asumiendo toda la información que nos dan pero posteriormente analizando a nivel global una situación y no aun nivel personal y estrecho.

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